Obesidad / Ver también: "Dietas y Nutrición"
Trastornos de la alimentación
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria
incluyen:
- La Anorexia nerviosa.
- La Bulimia nerviosa.
- El trastorno por atracón.
- Algunas formas de obesidad.
La Anorexia nerviosa se caracteriza por el rechazo
a mantener el peso en los valores mínimos normales y se acompaña de una alteración
de la percepción de la forma y del peso corporal. Otros síntomas
por los que se puede detectar la anorexia son: presencia de amenorrea en
las pacientes, temor a engordar, ejercicio físico excesivo, consumo
de laxantes o diuréticos, vómitos autoprovocados, etc.
La Bulimia nerviosa consiste en la aparición de episodios recurrentes
de voracidad seguidos por conductas compensatorias inapropiadas, como el
vómito autoprovocado, el abuso de laxantes y diuréticos y
el ayuno o ejercicio excesivo. Al igual que en la Anorexia la persona no
percibe objetivamente su cuerpo ni su peso, dándole un miedo exagerado
a engordar.
En el caso de patologías, como la anorexia y la bulimia, con un
gran componente psicoemocional en su generación y desarrollo, se
aplicara la terapia adecuada de contención y se programaran actividades
y dietas que permitan recrear una visión nueva de la vida y del
futuro que esta persona distorsiono, por razones y factores que se manejan
a nivel inconsciente.
La obesidad es una enfermedad metabólica que se caracteriza por
el aumento de la grasa corporal. No obstante, no todas las personas con
exceso de peso cuentan con cantidades importantes de grasa. Los fisicoculturistas,
por ejemplo, experimentan un aumento de peso a expensas del músculo
y no de grasas. 
Al menos el 30 por ciento de los casos de obesidad
tienen un origen genético.
De hecho, los hijos de padres obesos son propensos a padecer sobrepeso.
Sin embargo, los factores más importantes están relacionados
con el estilo de vida, como los hábitos alimentarios y el ejercicio
físico.
Las costumbres adquiridas en la niñez determinarán el desarrollo
futuro. De ahí la importancia de conocer los alimentos, sus propiedades
y la mejor manera de prepararlos. “La persona obesa debe adquirir conocimientos
básicos de los alimentos, dieta equilibrada y formas de alimentarse
(disminución de la grasa general y carbohidratos refinados, e incremento
de la ingesta de frutas, verduras, hortalizas y legumbres), lo que le permitirá comer
de una forma razonablemente sana y mantener el peso”.
El gasto energético es el consumo total de energía que realiza
el organismo y que resulta de la suma de las calorías consumidas
por el metabolismo basal, la termogénesis y las calorías
gastadas por la actividad física.
Se define como metabolismo basal al conjunto de reacciones que tienen lugar
en las células y que permiten que éstas funcionen correctamente.
Este metabolismo es diferente en cada persona y está determinado genéticamente
y por factores como la alimentación o el ejercicio físico. “La
termogénesis, por su parte, es el proceso por el cual las células
del organismo generan calor para mantener constante la temperatura corporal
y que puedan realizarse con normalidad las reacciones químicas que
sustentan su funcionamiento. En la obesidad suele existir un defecto en la
termogénesis, que no compensa la ingestión de alimentos. Este
desequilibrio favorece la acumulación de grasa, incrementando el peso
corporal”.
El metabolismo basal de una persona necesita una caloría por kilo y
hora, en el caso de los hombres, y 0,9 calorías por kilo y hora, en
el caso de las mujeres.
Un hombre de 70 kg necesitaría 1 x 70 x 24=1.680 calorías al
día para mantener su metabolismo mínimo. Estas calorías
corresponden al 70 por ciento de todas las calorías diarias que se necesitan.
A este porcentaje hay que sumar un 20 por ciento de la energía gastada
por la actividad física y el 10 por ciento correspondiente a la energía
que consume el alimento desde que se mastica, se digiere en el estómago
e intestino y pasa a la sangre.
La
manera más segura de saber si sufre obesidad pasa por conocer su Índice
de Masa Corporal (IMC), que es la relación entre el peso y la talla
de una persona.
Tras calcular su IMC consulte la siguiente tabla
para saber si tiene obesidad y en qué grado.
Clasificación del sobrepeso y la obesidad según
el IMC
Valores
límites del IMC (kg/m²) |
Peso insuficiente |
<18,5 |
Normopeso |
18,5 - 24,9 |
Sobrepeso grado I |
25 - 26,9 |
Sobrepeso grado II (preobesidad) |
27 - 29,9 |
Obesidad de tipo I |
30 - 34,9 |
Obesidad de tipo II |
35 - 39,9 |
Obesidad de tipo III (mórbida) |
40 - 49,9 |
Obesidad de tipo IV (extrema) |
>50 |
A
través de la anamnesis alimentaria, de un exhaustivo examen clínico,
el laboratorio, controles metabólicos y hormonales; se busca determinar
la causa del exceso y o perdida de peso; para descartar por Ej. la existencia
de una patología tiroidea subclínica. Se indicara la terapia
requerida, para lograr un equilibrio neuroendocrino; con un plan de alimentación
personalizado y un esquema de actividad física adecuado a las aptitudes
y gusto de cada individuo. Este tratamiento debe ser desarrollado, en el
marco de respeto de las libertades individuales, evitando las actitudes dictatoriales
y las prohibiciones,”que sabemos los médicos de las necesidades del
alma humana”…. Se lo acepta como es, estimulando la toma de conciencia, sobre
la necesidad de iniciar un cambio radical de hábitos, con medidas
higiénico-dietéticas mínimas pero de difícil
aplicación, dadas las exigencias de la vida moderna, (respetar las
cuatro comidas mínimas, seleccionar cuidadosamente la calidad y
cantidad de alimentos, evitando los excesos).
Una alimentación equilibrada
Es aquella que mantiene a una persona en un estado óptimo de salud
y le permite realizar con normalidad sus actividades cotidianas. Para ello,
debe aportar la cantidad necesaria de energía para que el organismo
funcione correctamente y se pueda seguir la rutina diaria sin problemas.
No obstante, las necesidades calóricas varían de una persona
a otra, en función de distintos aspectos como la edad o la actividad
física.
Además, la dieta diaria debe suministrar todos los nutrientes energéticos
(hidratos de carbono, proteínas y grasas) y no energéticos (vitaminas,
minerales, agua) en una proporción adecuada
Una
dieta implica la programación de los platos que se van a consumir
y de los alimentos con los que se van a preparar. No conviene tener la
heladera llena, ya que supone un recurso a mano en los momentos de ansiedad.
Además, comprar los alimentos durante una dieta se parece bastante
a las compras durante las rebajas. La ansiedad puede llevarle a comprar
alimentos altamente calóricos que no puede consumir o que incluso
antes del régimen no ingería.
Evite los alimentos elaborados
Los platos precocinados o preparados contienen
mucha grasa y favorecen que se coma de manera impulsiva. Sin embargo,
los alimentos que requieren cierta elaboración ayudan a mitigar
la ansiedad.
Comer despacio
La sensación de saciedad en el estómago aparece a partir
de los 20 ó 30 minutos desde que se ha comenzado a comer. Si come
muy deprisa ingiere muchos alimentos antes de que aparezca esta sensación.
Pero si come lentamente tendrá la sensación de estar más
lleno con menos alimento.

La
obesidad es una enfermedad que aparece como consecuencia de la combinación
de varios factores de tipo ambiental y genético. Aunque los mecanismos
fisiológicos que conducen a la obesidad aún no se conocen
con precisión, sí está probado que la enfermedad aparece
como resultado de un balance inadecuado entre el consumo y el gasto de
energía.
Diversas investigaciones han demostrado que
aunque la dieta de muchas personas obesas no contiene demasiadas calorías, las cantidades de grasa ingeridas
por los obesos son muy elevadas. La dieta que predomina en los países
occidentales abusa de las grasas animales al tiempo que contiene gran parte
de dulces y harinas, que aportan grasas e hidratos de carbono simples.
Existen datos epidemiológicos que muestran la existencia de una relación
inversa entre el consumo de hidratos de carbono y el índice de masa
corporal. Entre los grupos de población con un alto consumo de hidratos
de carbono se observa una menor prevalencia de la obesidad que en aquellas
zonas con alto consumo de grasas animales.
Aceite de oliva
Los estudios epidemiológicos muestran que al principio de la década
de los 60 la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso en los países
mediterráneos era bastante inferior que en el resto de países
industrializados. Si embargo, en las últimas décadas el estilo
de vida y los hábitos alimentarios han cambiado entre la mayor parte
de la población mediterránea, que tradicionalmente seguía
una dieta basada en el aceite de oliva como principal fuente de grasa, el pan
como alimento básico, la abundante ingesta de legumbres, verduras y
frutas, y un consumo moderado de carne y productos lácteos.
Aunque el aceite de oliva tiene un alto contenido
energético en comparación
con otros tipos de grasas (9 kilocalorías por gramo), en la dieta mediterránea
tradicional la cantidad de aceite contenida no es suficiente para provocar
obesidad por sí misma. Este producto es la principal fuente de grasa,
pero al mismo tiempo el consumo de grasa de origen animal es bastante bajo
en la dieta mediterránea al tiempo que los alimentos de origen vegetal
son ingeridos en mayores cantidades.
La dieta mediterránea tiene un alto contenido de hidratos de carbono
complejos y fibra y proporciona un contenido energético acorde a las
necesidades de una persona activa sin llegar a ser hipercalórica, por
lo que su adopción ha de ser considerada como una medida de prevención
de la obesidad. De este modo se consigue que la alimentación sea baja
en grasa total y grasa saturada y aporte gran cantidad de antioxidantes, imprescindibles
en la prevención de diversas enfermedades crónicas.
 
La
grasa es uno de los componentes de los alimentos que más preocupaciones
suscita. Se estima que cada gramo de grasa aporta unas 9 calorías,
por lo que se trata, junto con el alcohol, de uno de los componentes
de la dieta que más calorías aporta . Hay cuatro tipos
de grasas: los ácidos grasos saturados, monoinsaturados y poliinsaturados,
y los ácidos grasos trans.
Grasa saturada
Esta grasa eleva el colesterol LDL (colesterol ‘malo'), tiene un efecto
dañino sobre las arterias y favorece la arteriosclerosis. Se encuentra
en la carne y los productos de origen animal (tocino, manteca, mantequilla,
embutidos) . Asimismo, la repostería, los amasados de pastelería
y todos los productos lácteos enteros (quesos, nata) tienen una
gran cantidad de grasa saturada.
Grasa monoinsaturada
Se encuentra principalmente en el aceite de oliva,
base de la dieta mediterránea.
También aparece en la palta y algunos frutos secos. Es la grasa
preferible para usar en nuestra alimentación, ya que eleva el colesterol
HDL (colesterol ‘bueno') y disminuye el colesterol LDL (colesterol ‘malo').
Grasa poliinsaturada
Se encuentra en los aceites de semillas (girasol,
soja, maíz),
en los frutos secos y en el pescado azul, en lo que se llama ácidos
grasos poliinsurados omega-3 (la grasa poliinsaturada omega-6 es la del
aceite de girasol). Supone un punto intermedio entre la grasa saturada
y la monoinsaturada, por lo que su consumo siempre es preferible al de
la grasa saturada.
Acidos grasos trans
Apenas se encuentran en los alimentos naturales,
acaso en la carne de vaca y de buey. El exceso de ácidos grasos
trans aumenta el colesterol malo (LDL) y disminuye el colesterol bueno
(HDL).
Los efectos negativos de la grasa saturada están relacionados con la
salud cardiovascular. "La grasa saturada es la más abundante en
la dietas de ciertos países occidentales industriales. Pero es la que
más favorece el desarrollo de infarto agudo de miocardio porque eleva
el colesterol LDL. También propicia la diabetes, y probablemente la
hipertensión arterial, por lo que su consumo excesivo se asocia a un
aumento del riesgo de padecer infarto”.
En las últimas décadas se intentó buscar una alternativa
a la grasa saturada en el consumo de grasa poliinsaturada. Sin embargo, posteriormente
se comprobó que esta recomendación podía ser perjudicial. “Esta
grasa puede sufrir procesos de oxidación que lesionan las células,
lo que provoca un daño en las arterias; se piensa que incluso puede
favorecer la aparición de algunos tipos de cáncer. Por eso hoy
ya no se recomienda como opción frente a las grasas saturadas”.
La mejor alternativa es sustituir la grasa saturada por la monoinsaturada,
ya que eleva el colesterol ‘bueno' (HDL) y reduce el colesterol ‘malo' (LDL). “La
grasa monoinsaturada es la mejor para la salud: no se oxida y tiene un efecto
beneficioso sobre el colesterol, la diabetes y la tensión arterial”.
La obesidad está asociada al desarrollo de numerosas patologías
y su control puede ayudar a reducir riesgos e incluso mejorar algunos cuadros
patológicos. Además de provocar tensión en huesos
y músculos, las personas con sobrepeso tienen un mayor riesgo de
sufrir hernias, dolor lumbar y artrosis. Tampoco hay que olvidar los trastornos
psicológicos que puede provocar la obesidad: ansiedad, depresión,
aislamiento, conductas alimentarias anómalas (crisis de atracones)
y rechazo social. Asimismo, está relacionada con el desarrollo de
las siguientes patologías:
Problemas cardíacos
La obesidad está asociada a problemas coronarios, ya que el corazón
debe trabajar más para soportar el exceso de peso. Entre las complicaciones
más frecuentes se encuentran la insuficiencia cardiaca, retención
de líquidos e infarto agudo de miocardio.
Hipertensión arterial
La reducción y el control del peso permite reducir los niveles
de presión arterial.
( Es una de las enfermedades crónicas que requieren atención
continuada y en las que las medidas preventivas evitan su aparición
y el buen control de su desarrollo mediante el oportuno tratamiento basado
en las investigaciones más recientes. La Hipertensión Arterial
es un proceso que por su frecuencia, la importancia de sus consecuencias,
y su existencia tantas veces ignorada por el propio paciente ha merecido
una especial atención en el Centro Médico Psicosomático.
Mediante un estudio profundo del paciente, se pretende alcanzar un diagnóstico
precoz, un seguimiento terapéutico personalizado y un cumplimiento
terapéutico óptimo).
Colesterol
Los niveles de colesterol y de triglicéridos en obesos son más
altos, mientras que el nivel de colesterol ‘bueno' (HDL) es bajo. Estas
grasas se adhieren a las paredes de las arterias y pueden favorecer la
arteriosclerosis.
Diabetes tipo II
Generalmente, el diabético tipo II tiene niveles normales o altos
de insulina, aunque no puede utilizarla (resistencia a la insulina). Entre
los factores que favorecen está insulinorresistencia se encuentra
el aumento de la grasa corporal, probablemente por la leptina producida
por las células grasas.
Cáncer
Los hombres obesos presentan mayor riesgo de
cáncer de colon y
próstata. Asimismo, algunos estudios científicos relacionan
la obesidad con el riesgo de sufrir cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas.
Artrosis
Los huesos se deterioran con más rapidez cuando soportan mucho
peso. La columna, las caderas, las rodillas y los tobillos son los más
perjudicados. El dolor de las articulaciones provoca problemas para moverse
e incapacita al enfermo.
Varices
El exceso de peso dificulta la circulación de la sangre hacia el
corazón y favorece la aparición de varices en las piernas,
que pueden causar trombos.
Hipoxia (falta de oxígeno)
Las personas obesas necesitan trabajar más para respirar. Sus músculos
respiratorios suelen ser poco eficientes y su capacidad pulmonar disminuye.
Apnea del sueño
Consiste en la ausencia de respiración de larga duración
durante el sueño. Esto produce somnolencia diurna, problemas de
hipertensión pulmonar y un mayor riesgo de mortalidad.
Trastornos digestivos
La obesidad está relacionada con el reflujo gastroesofágico,
estreñimiento, piedras en la vesícula biliar (colelitiasis),
acumulación de grasa en el hígado, hemorroides y varices.
TRATAMIENTO

En la actualidad el tratamiento de la obesidad cuenta con fármacos eficaces que se adaptan a las necesidades de cada enfermo. No obstante, aún no se han obtenido sustancias para el tratamiento continuado de esta enfermedad crónica, igual que sucede con otras patologías como la diabetes o la hipertensión.
“El Xenical” es una sustancia que actúa sobre el intestino impidiendo la absorción de las grasas en un 30 por ciento. Esta grasa se elimina por las heces y hace que el 20 ó 25 por ciento de los pacientes tengan efectos adversos, como el aumento del número de deposiciones, retortijones o diarreas”. "Estos efectos no suelen causar el abandono del tratamiento e incluso algunos enfermos los consideran beneficiosos".
Esta sustancia está indicada en las personas obesas que son incapaces
de llevar una dieta estricta ya que, al no absorber las grasas, pueden tener
más libertad a la hora de comer. Aun así, el paciente debe recordar
que su ingesta de grasa no debe ser superior al 30 por ciento.
La segunda sustancia aprobada en nuestro país es la
sibutramina, un inhibidor de la recaptación de la serotonina que provoca
una sensación de saciedad. “Se trata de un mecanismo de saciedad precoz.
El paciente tiene apetito y sigue mostrando interés por la comida, pero se
llena antes”.
Sin embargo, estos fármacos no resultan eficaces en las obesidades mórbidas,
que deben ser tratadas de manera quirúrgica.
Una alternativa a estas sustancias, es un complejo de fibras (que ademas de ejercer una accion mecanica en intestino y de aumentar la sensación de saciedad, absorben las moléculas de grasa de igual modo que el Xenical, sin sus efectos colaterales), y extractos vegetales, que han presentado hasta el momento una buena tolerancia, sin efectos secundarios. “Están indicados en las personas con sobrepeso ( no obesidad), que acompañados de una dieta favorece la pérdida de 2 ó 3 kilos al mes de manera natural, ya que reducen el el valor calórico de la dieta, activan el metabolismo, aceleran y favorecen la sensación de saciedad.
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