Tabaquismo
El fumar es la causa más
frecuente de muertes que pueden evitarse.
Según los últimos informes, cientos de miles de personas mueren
anualmente de forma prematura debido al tabaco.
En las personas que han fumado mucho tiempo hay un riesgo aumentado de padecer
de cáncer, enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas
debido al efecto nocivo de algunas sustancias químicas oxidantes
que provocan alteraciones del funcionamiento celular.
El alto contenido de oxidantes en el humo de tabaco
explica las bajas cantidades de antioxidantes y el daño oxidativo
que se observa con tanta frecuencia en personas que fuman. Sobre tales bases
se ha postulado que los fumadores se beneficiarían de un nuevo consumo
de antioxidantes en la dieta, cuya carencia se ha asociado con un mayor
riesgo de sufrir enfermedades crónicas tales como el cáncer
y la arteriosclerosis.
En general las personas que fuman no se alimentan tan
bien como las que no fuman y es precisamente esta diferencia en los hábitos
alimentarios la que ha impedido que se puedan dilucidar los efectos que
ejercen por separado el tabaquismo y la dieta en las concentraciones plasmáticas
de antioxidantes, según comentó la Revista Panamericana de
Salud Pública de la Organización Panamericana de la Salud
(OPS).
La nicotina, uno de los ingredientes principales del
tabaco, es un poderoso estimulante. Al cabo de unos segundos de inhalar
una bocanada de humo, el fumador recibe una poderosa dosis de este componente
en el cerebro. Esto hace que las glándulas adrenales viertan en la
sangre adrenalina, lo cual acelera el ritmo cardíaco y aumenta la
presión sanguínea. La nicotina está considerada como
una sustancia más adictiva que otras drogas ilegales.
La nicotina es sólo uno más de los cuatro
mil componentes del humo del tabaco. El humo derivado del tabaco contiene,
entre otras, las siguientes sustancias nocivas:
• Amoníaco
• Benzopireno
• Cianuro de hidrógeno
• Dióxido de carbono
• Monóxido de carbono
• Restos de plomo o arsénico
Los dañinos efectos de estas sustancias incluyen:
• Aumento del nivel de monóxido de carbono
en la sangre y reducción de la cantidad de oxígeno disponible
para el cerebro y otros órganos.
• Menopausia prematura y mayor riesgo de osteoporosis en mujeres mayores.
• Envejecimiento prematuro de la piel en mujeres.
• Mayor riesgo de abortos, muerte súbita del bebé y
poco peso al nacer en bebés de madres fumadoras.
• Daño a los pulmones y aumento de riesgo de cáncer
de pulmón, enfisema y bronquitis crónica.
• El riesgo de ataque cardíaco aumenta de 2 a 4 veces.
• Aumento del riesgo de cáncer de laringe, boca, esófago,
vejiga, riñones y páncreas.
Si a Ud. le interesa dejar de fumar y tiene dificultades
para realizar su propósito, consulte con un médico. El mismo puede ayudar averiguando las razones
por las que fuma y, basándose en esas motivaciones, sugerir el
método más eficaz para dejar el hábito. Por ejemplo, si fuma
por exigencia social, el médico puede recomendar que intente un grupo
de apoyo o psicoterapia y puede instaurar un tratamiento alternativo para
intentar de alguna manera neutralizar los efectos nocivos y los procesos de
óxido reducción inducidos por el cigarrillo.
Si Ud. es fumador, concurra al especialista al menos una o dos veces al año
para chequear corazón y pulmones, porque el cigarrillo afecta principalmente a estos órganos.
En la actualidad existen diferentes sistemas para intentar
dejar de fumar, entre ellos los parches y/o chicles de nicotina que poco
a poco van reduciendo las dosis de nicotina suministrada y la dependencia.
Se trabaja con medicación natural, para intentar, reducir
los niveles de ansiedad y las crisis de abstinencia.
En Europa es frecuente el empleo de los
antidepresivos duales para contrarrestar los síntomas del síndrome
abstinencia. |